PALABRAS QUEMADAS | Ed.20

EL ORIGEN DEL LADO OSCURO

Escrito por Alexis Candia Cáceres
Categoría: Palabras Quemadas 22 Creado: Sábado, 16 Marzo 2019 07:23

Mi fascinación por Shakespeare proviene de Macbeth y, particularmente, de su influencia en una galaxia muy, muy lejana.

Por Alexis Candia-Cáceres

William Shakespeare ha despertado fascinación en los poetas chilenos. No tan solo por el placer de su lectura sino, sobre todo, por la influencia que ha ejercido el autor de Otelo. No es casual que Harold Bloom lo sitúe, en esta dirección, como el centro del canon occidental. Creo que, aún más relevante que lo anterior, es el hecho que nuestros poetas se hayan puesto al servicio de las tragedias del autor inglés, traduciendo sus obras dramáticas fundamentales.

Si el romance comienza con la traducción de Romeo y Julieta (1964) por Pablo Neruda, continúa con Lear, rey & mendigo (2004) de Nicanor Parra, prosigue con Macbeth (2012) de Armando Roa Vial y cierra –por ahora- con Hamlet (2014) de Raúl Zurita. Ciertamente, resulta interesante que en esa lista de traductores figure un Premio Nobel de Literatura y tres Premios Nacionales, lo que da cuenta del influjo de Shakespeare en la selva lírica nacional.

Al igual que la mayoría de los escolares chilenos de la década de 1990 tuve que leer obligatoriamente –no puedo asegurar si fue o no la traducción de Neruda- Romeo y Julieta. No puedo decir que esa lectura me marcara. Creo que ni siquiera la disfrute. Tal vez por el exceso de romanticismo en un momento en el que nos interesaba aparentar, más bien, escasos o nulos sentimientos. Algo cambio, sin embargo, cuando llegué a dos textos secundarios de Shakespeare, indirectamente, a través de la lectura de The Sandman de Neil Gaiman. Dos episodios del cómic de Sandman aluden a Sueño de una noche de verano y a La tempestad. Ciertamente, Sandman fue una lectura que me maravilló en los 90´, de manera que, a partir de la rescritura del trabajo de Shakespeare efectuado en la historieta del sello Vertigo, pase al trabajo del escritor anglosajón. Ambas lecturas fueron placenteras, pero no determinantes. Sin embargo, abrieron un apetito que me llevó a Hamlet, Lear y, sobre todo, a Macbeth. De hecho, mi fascinación por Shakespeare proviene de Macbeth y, particularmente, de su influencia en una galaxia muy, muy lejana.

Star Wars conquistó el imaginario de mi generación. La sencillez con la que explotó la pugna del bien y el mal, la construcción de personajes atractivos (Luke, Han, Leia, Yoda o Sidious), las batallas espaciales y, en especial, los sables de luz nos convocaron ya sea al lado lumínico u oscuro de la fuerza. Ahora bien, para mí no en términos éticos, pero sí en términos estéticos, el imperio era muy superior a los rebeldes. Y en ese diseño había un personaje que resaltaba sobre el resto: Darth Vader. El señor Sith, siempre vestido de riguroso negro, combinaba elementos de un samurái y de un soldado nazi, para generar un sujeto que encarnaba, al decir de Nietzsche, la voluntad de poder. Había en Vader un deseo de someterlo todo. Una ambición incontenible.

Tarde muchas lecturas en comprender que había un personaje que había influido, en mi perspectiva, definitivamente en la construcción de uno de los villanos más icónicos del séptimo arte: Macbeth. Al igual que el guerrero del lado oscuro, el barón de Glamis está poseído por una ambición que lo lleva a sacrificar todo y a todos, incluso a sí mismo, con tal de alcanzar su deseo. Mientras Vader anhela salvar a la mujer que ama y para eso se somete al poder del lado oscuro, Macbeth quiere la corona, aquel símbolo que le permite situarse por encima de todo hombre en Escocia.

Ambos son embriagados, en primera instancia, por elementos no racionales. Si Anakin Skywalker es sacudido son las pesadillas que le advierten de la muerte de la mujer que ama[i] y que, por cierto, él interpreta como un destino que debe evitar a partir de la necesidad de incrementar su poder, alcanzando, en definitiva, la fuerza para quebrar los límites de la vida y de la muerte; Macbeth padece las revelaciones de las tres brujas, quienes lo manipulan a través de la información que le entregan –siempre parcelada e interpretable-, para incentivar su ascenso y su caída. El anuncio que se convertirá en rey resulta determinante, entonces, en la tragedia.

Una vez sembrada la semilla de la destrucción, los dos están rodeados por figuras que los persuaden para que alcancen, sin importar traba alguna, sus profundos deseos. Skywalker cuenta con Sidious. El emperador evidencia el potencial del lado oscuro de vencer a la muerte a través de la historia de Darth Plagueis[ii], quien no solo tiene el poder de prevenir la muerte, sino que es capaz de crear vida. Macbeth tiene a su esposa. Lady Macbeth es, entonces, la encargada de sugerir en el oído de su esposo un cruce de brutalidad y carnalidad que le resulta irresistible:

LADY MACBETH: Eres Glamis y eres Cawdor[iii]; cuando se te haya prometido se cumplirá. Aún así temo tu naturaleza. Demasiado rebosa con la leche de la ternura humana como para escoger el sendero más fácil. Desearías ser grande y ambición no te falta, aunque sí la vileza que debe honrarla. Aquello que anhelas fervorosamente lo buscas con bondad, no te gustan los juegos hipócritas y, aún así, anhelarías ganar con engaños. Caro Glamis, cómo anhelas seguir el refrán que dice: “procede según deseas”, incluso cuando procurarlo te despierte más temor que no hacerlo. Rápido, que debo volcar mis espíritus en tu oído; que mi lengua debe reprender con valor todo cuanto te cierre el paso al círculo de oro con que te han coronado el destino y los poderes metafísicos. (29-30)

Tanto Macbeth como Skywalker son guerreros condecorados en batalla. Ambos han probado su lealtad, su honor y su valor para con la monarquía escocesa o la república, respectivamente, sin embargo, son incapaces de impedir proceder, tal como anuncia Lady Macbeth, en relación a lo que “desean”. En consecuencia, sucumben al llamado del infierno, mutando de piel como la serpiente. Skywalker asume la identidad de Darth Vader; Macbeth se transforma en rey de Escocia. En este punto, el trabajo efectuado por Shakespeare tiene una densidad sicológica muy superior al de Lucas. Tras el asesinato de Duncan, el baron de Glamis casi pierde la razón por el peso que supone traicionar no solo a su rey sino sus propias convicciones. Con la aparición del fantasma de Banquo, su amigo, quien fuera asesinado por Macbeth dado que a él las brujas le habían anunciado que sus descendientes serían reyes y, en consecuencia, era una amenaza para su liderazgo, Shakespeare pone a prueba la capacidad mental del nuevo monarca.   

Ahora bien, una vez sumidos en el mal, no hay fronteras. Macbeth y Vader establecen tiranías que adolecen de cualquier clase de regulaciones. Amigos, aliados, familias e incluso niños, cualquier posible amenaza, son aniquilados. Establecen un horror irrefrenable que solo entiende en lenguaje de la sangre.

Una diferencia interesante entre ambos personajes es la descendencia. Vader tiene dos hijos y uno de ellos, Luke, es clave para el desenlace de su historia. Macbeth no los tiene. Y, en este sentido, mientras Luke jamás pierde la fe en su padre y hace lo posible por traerlo de regreso al lado lumínico, Macbeth cuenta solo con Lady Macbeth, quien pierde la cordura por la sangre que cree ver permanentemente en sus manos. Así el final del Episodio VI marca, también, el retorno de Anakin Skywalker.  Macbeth no tiene redención posible:

MACBETH: El camino de mi vida se precipita en lo yermo, una hoja amarilla, y aquello que debería acompañar mi vejez, como el honor, el amor, la obediencia, los múltiples amigos, ya no debo aguardarlo; en su reemplazo acuden soterradas maldiciones, simulacros de honor, alientos que el pobre corazón, aunque se atreva, gustaría desechar. […] Lucharé hasta que la carne me sea desgarrada de los huesos. (108)

No hay piedad para Macbeth. Tampoco luz. Solo una cabeza perdida. Una cabeza que muestra el término de la tiranía, además de que, tal como plantea Newton, toda acción genera una reacción de igual fuerza. La sangre solo se lava con sangre.

Antes del fin, Macbeth entrega una reflexión que bien puede ejemplificar lo que Roa Vial denomina como la presencia de una “filosofía del malestar existencial” (9) en el trabajo de Shakespeare:

La vida es sólo una sombra errante, un burdo actor que pasa su hora pavoneándose y agitándose sobre el escenario y que luego no es oído nunca más. Es un cuento repetido por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa. (113)

            Afortunadamente para nosotros Shakespeare nos dio una lección que puede contribuir a alcanzar un poco de luz. Esa luz que destella entre el ruido y la furia.

 

BIBLIOGRAFÍA

Shakespeare, William. Macbeth. Trad. Armando Roa Vial. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 2012.

 

[i] No se puede ignorar que Skywalker está casado en secreto debido a que un compromiso como el matrimonio transgrede las normas de desprendimiento del mundo material planteadas por la orden Jedi.

[ii] La narración de Sidious a su futuro aprendiz es interesante porque prefigura su propia historia: Sidious traicionó a Plagueis al igual como Vader traicionará, varias décadas después, a Sidious.

[iii] Al inicio de la tragedia, Macbeth tiene el título de barón de Clamis pero, gracias a su éxito militar, el rey Duncan lo premia designándolo, también, como barón de Cawdor.

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