PALABRAS QUEMADAS | Ed.19

Entrevista a Patricio Pron

Categoría: Palabras Quemadas 19 Creado: Domingo, 10 Febrero 2019 07:23

Memoria, infancia y horror en El espíritu de mis padres sigue subiendo bajo la lluvia.

NI: Me interesan los usos de la memoria y el rol del testigo en novelas situadas en la post dictadura argentina y la relación de este con el archivo fotográfico. En la lectura que hice de varias obras, me llamaron la atención tres en particular: tu novela de no ficción, Una misma noche de Leopoldo Brizuela y La casa de los conejos de Laura Alcoba, precisamente por compartir el recuerdo de la propia niñez, proponiéndose cada uno como hijo de padre con cierto compromiso político. En primer lugar, ¿conoces las otras dos novelas? De ser así, ¿qué opinión te merecen los medios a los que recurre cada una para hacer uso de la memoria y cómo lo contrastas con tu estrategia?

PP: Conozco y tengo un gran respeto por el trabajo de Laura en La casa de los conejos, pero no he leído la novela de Leopoldo. En ese sentido, no puedo decir mucho, excepto que, en mi opinión, las diferencias más importantes entre La casa de los conejos y El espíritu […] pasan, en primer lugar, por el tipo de narrador que tienen, un narrador infantil (en el caso de la novela de Laura) y uno adulto, en la mía: esto, pienso, les da un carácter bastante distinto pese al hecho de que aborden experiencias relativamente similares. En segundo y último lugar, creo que las diferencias entre ambas novelas se manifiestan también en su relación con los hechos del pasado que se narran en ellas: en mi novela hay un intento de darle “un uso al pasado” planteando la cuestión de cuánto y qué de la política revolucionaria puede ser de utilidad aquí y ahora. Si no recuerdo mal, ese planteamiento no se hace en la novela de Laura. (Esto no es un juicio de valor, por supuesto: la experiencia de Laura y posiblemente su visión del pasado son distintas a la mía, eso es todo lo que quiero decir).

NI: Respecto a tu obra, en los diferentes vídeos de YouTube donde hablas de esta novela quedan claros varios asuntos, como la simetría entre tu historia personal y la historia de Argentina; la necesidad de posicionar a la literatura como espacio de participación, haciendo de tu no ficción un texto abiertamente político, hecho para “abrir heridas”; la importancia de recalcar la historia de un desaparecido en particular para hablar de un asunto mucho más profundo, como lo que significa esta figura en la cultura argentina y el segundo plano que toma la autobiografía del autor. Dentro del texto, a su vez, planteas reflexiones sobre la vida propia, lo personal, tu familia. En este aspecto, ¿podrías explicar la importancia del padre en el relato, más allá de la necesidad que planteas por la inquietud natural sobre el quiénes son los padres y que moviliza a la voz?

PP: El espíritu de mis padres […] tuvo unas condiciones de producción bastante distintas a las de mis otros libros, especialmente por el hecho de que mis padres se reservaban, por razones de seguridad, un “derecho a veto” a su publicación. Cuando finalmente la novela estuvo escrita, decidieron no ejercer ese veto, pero también propusieron sus propias versiones de los hechos narrados en ella, lo cual contribuyó a un diálogo entre nosotros que no se había dado muy frecuentemente en el pasado (De hecho, mi padre comentó la novela prácticamente página a página en una larga carta que aparece publicada en mi página web, como sabes). Se puede hablar mucho acerca de las implicaciones de escribir bajo la mirada paterna (en especial desde Franz Kafka y su Carta al padre), pero el caso es que, al margen de ello, el padre de la novela tiene en ella la importancia de quien está y no está, así como la de quien ha pensado en lo que sucedería cuando no esté y ha podido anticiparse al deseo de su hijo trazando para él un camino en dirección al pasado para que este lo recorra. En ese sentido, es una especie de manipulador; pero también es alguien de una enorme generosidad.

NI: ¿Por qué la insistencia en la mala memoria? Cito: “mi padre siempre había tenido mala memoria. Él decía que tenía como un colador, y me auguraba que yo también la tendría así porque, decía, la memoria se lleva en la sangre” (21) ¿Pura anécdota o posee un sentido más profundo?

PP: Porque es cierto: mi padre y yo tenemos “problemas de memoria”, yo más que él en este momento. Esto no importaría demasiado si la novela tuviese otro tema, por supuesto; pero, tratándose de un esfuerzo en la dirección de la creación de una “postmemoria” personal y nacional, tiene una importancia absoluta. Es la manifestación más visible de “un problema con el pasado” que no es solamente argentino.

NI: Me adentraré en un asunto específico y que tiene que ver con los sueños. Postulas a tu obra como no ficción, sin embargo das a la narración de las ensoñaciones un espacio importante dentro del desarrollo del relato. De hecho, marcan un paso relevante de un acontecimiento a otro, que es el descubrimiento de los archivos de tu padre. ¿Qué objetivo cumple esa cabida de los sueños en la historia?

PP: El espíritu de mis padres […] es un campo de pruebas de los vínculos entre realidad y ficción, al menos así es como yo veo la novela años después de haberla escrito. Y de ese campo participan también ciertas formas de la literatura documental, cuya inclusión en el libro apunta a la cuestión de la verosimilitud: en El espíritu […] los pasajes más inverosímiles son los más reales, todos esos artículos periodísticos “mal escritos” que ni siquiera pueden ocultar el hecho de que están ocultando algo y los sueños. Llevo un “diario de sueños” desde aproximadamente 1995 y los que se mencionan en el libro son reales; los escogí pensando en su valor literario (que es difícil de precisar, por supuesto), pero también por el hecho de que son sueños recurrentes en mí, posiblemente relacionados con las situaciones que mi familia y yo atravesamos cuando yo era niño.

NI: ¿De qué clase de testimonio te haces cargo en El espíritu de […] porque, de cierta manera, el “narrador” está testimoniando sobre un hecho en particular, pero ni siquiera es testigo de lo que sucede, sino que se toma de los archivos fotográficos y registros recabados por el padre, incluidos sus discursos y notas periodísticas.

PP: No estoy seguro de que El espíritu […] sea un testimonio, aunque supongo que es bastante probable que sea leído así, en particular su última parte. Si lo es, quisiera que sea leído como el testimonio de alguien que está tratando de producir verdad y sentido en relación con un pasado que no es por completo personal, pero tampoco ajeno, que existe en la confluencia entre el pasado de los otros y el propio. Que los hechos trágicos del pasado reciente sigan produciendo sentido (y alertando acerca de su repetición) depende estrechamente de la adopción como propio de ese pasado “de segunda mano” por parte de las nuevas generaciones, pienso; es una manera de evitar que ese pasado sea relegado a los libros de Historia y desactivado políticamente con la desaparición de quienes podían ofrecer un testimonio de primera mano sobre ellos.

NI: Pudiendo exponer “anexos fotográficos” en el libro, no echaste mano de tal recurso. ¿Qué te permitió la narración/descripción de las diversas imágenes?

PP: Me interesaba narrar las imágenes en vez de describirlas porque pensaba (y todavía pienso, a veces) que las imágenes en un libro, con su exceso de información, pueden disuadir al lector de avanzar sobre él, de implicarse. Además, incluir las fotografías en el libro (algo que mis editores y yo consideramos en un momento) era algo casi natural, dada su naturaleza parcialmente documental: porque era algo natural, precisamente, era mejor no hacerlo, así que no lo hicimos.

NI: Tal vez esta pregunta resulte amplia y, por lo mismo, sé que puede derivar en diferentes percepciones de la misma ¿Podrías establecer cuál es la ideología que mueve a la voz que se hace cargo de contar la historia? El estudio que prefiero, en lo personal, sobre ideología, son los términos de Slavoj Zizek, cuando la cataloga en sí, respondiendo a la “noción de inmanencia, como doctrina, conjunto de ideas, creencias, conceptos y demás”, donde la verdad está al servicio de un interés de poder inconfeso. ¿Qué me puedes decir del personaje? ¿Se encuentra desideologizado en alguna medida? ¿La ideología perteneció solamente al padre y se intenta reivindicarla?

PP: Un joven profesor español, José Martínez Rubio, sostiene, en su lectura de la novela en su libro Las formas de la verdad. Investigación, docuficción y memoria en la novela hispánica (2000-2015), que el narrador de la novela está “desideologizado”. Por mi parte, aunque acepto que la lectura de Martínez Rubio es acertada en el marco de la forma en que cierto “compromiso del escritor” era concebido en la década de 1970 (y también en la actualidad, marginalmente), pienso que esto no es así. En primer lugar, porque no creo siquiera posible que exista algo “desideologizado”, en especial en relación con el pasado; y en segundo lugar, porque me parece que la postura del narrador es profundamente política, casi doctrinaria en sus manifestaciones últimas: el narrador de El espíritu de mis padres […] orbita en torno a los ejes de “memoria”, “verdad” y “justicia”, y lo que quiere es más, para muchos más. Su aspiración no es muy diferente a las que dieron sentido a las luchas políticas de sus padres (un país socialmente justo, económicamente libre y políticamente soberano, por decirlo así) pero está incapacitado por razones históricas para participar en un proyecto político como el de sus padres, mucho más para adherir a una organización política. En esa imposibilidad quizás se pueda ver una manifestación de un cierto carácter aparentemente “post-político” de su experiencia, pero no una prueba de su supuesto carácter “desideologizado”. (O, quizás, su desideologización esté relacionada con su interés casi excluyente por las prácticas, más que por las afirmaciones políticas y por las declaraciones de rigidez ideológica).

NI: ¿Por qué los saltos de numeración en el primer capítulo? ¿Tiene que ver con cómo funciona la atribulada mente del narrador en el inicio y la posterior claridad que va demostrando en el discurso a medida que va descubriendo asuntos?

PP: Correcto.

NI: A ratos la voz se cuestiona cómo hacerse cargo de la narración, de consolidar el trabajo de indagación del padre. Ese recurso ¿es parte del estilo que quisiste proponer? ¿Con qué propósito?

PP: Empecé a escribir El espíritu de mis padres […] sin un plan; de hecho, sin tener ni idea de cómo narrar esta historia, pero convencido de que yo no debía ser el único que en ese momento estaba tratando de narrarla. No había mapas ni guías, y, en ese sentido, pensé en el libro como, en primer lugar, el manual de instrucciones para narrar pasados como el mío, un texto que alguien pudiese utilizar para confrontar a quienes lo precedieron y/o para contar su propia historia. El hecho de que desde su publicación haya recibido bastantes cartas y testimonios de personas que lo usaron precisamente para esto da cuenta de la dimensión política del texto y de lo que este ha acabado significando, para sus lectores. El espíritu […], como todo libro, es un espejo, pero una de sus faces solo se refleja a sí misma.

NI: ¿Conoces alguna obra, contemporánea a tu trabajo, que presente un modelo similar a tu propuesta en El espíritu de…?

PP: Tendría que pensarlo mucho, pero, de momento, creo que entre los autores que han producido textos similares a los míos están W. G. Sebald, Aleksandar Hemon, Sergio Chejfec, Roberto Bolaño, Susan Sontag…

NI: ¿Te has acercado a la literatura chilena, especialmente a coetáneos como Zambra (Formas de volver a casa, Anagrama) o Bisama (El brujo, Alfaguara), quienes están haciendo un trabajo con objetivos similares a los que propones en El espíritu de…?

PP: Sí, por supuesto. Soy un lector asiduo de muchos autores chilenos, y me interesan especialmente las obras de Nona Fernández, Cynthia Rimsky, Alejandra Costamagna, Matías Celedón, Andrea Jeftanovic, Paula Ilabaca, Bisama, Zambra y otros. (Por mencionar solo a mis coetáneos). El hecho de que en Chile se esté produciendo una literatura de gran nivel con puntos de contacto con la de mis libros es una demostración, pienso, de que un puñado de intuiciones personales y deseos son compartidos por otros escritores, en otros sitios, y que el nervio de los tiempos es tocado incluso por quienes, como yo, no nos lo proponemos.

*Imagen: Eldiario.es 

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