PALABRAS QUEMADAS | Ed.18

Poder respirar (En USA)

Categoría: Palabras Quemadas 18 Creado: Lunes, 01 Octubre 2018 07:23

Road Story es, según Alberto Fuguet, un paréntesis. El corte de un boomerang que marca el intervalo entre la continuidad de la vida. Para mí, es mucho más que eso. Se trata de una apertura de ojos, de una bocanada de aire fresco que se cuela por nuestros pulmones y los expande, es el inicio de la aventura –que no es sino la metáfora de la vida para los beats- en la ruta 66. Este es el credo fuguetiano.

Y en eso cree, precisamente, Gonzalo Martínez, quien adapta el cuento homónimo aparecido en Cortos (2004) para crear la que es considerada como la primera novela gráfica chilena. Aunque estimo que ya está suficientemente claro, lo subrayo: en este texto interesa la novela gráfica de Martínez que interpreta, relee y reescribe fragmentos del relato breve de Fuguet.

Simón Rivas lo tiene todo, pero, en realidad, no tiene nada. O, más bien, podría tenerlo todo, sin embargo, ha sido incapaz de alcanzar la más mínima victoria. Esto queda claro cuando una mujer a la salida del cine plantea que el mundo se define en círculos concéntricos: íntimo (que incluye a los imprescindibles), amigos y conocidos. Rivas se da cuenta de que sus relaciones sentimentales se sitúan solo en la última categoría. Incluso Natalia “su exquisita, divertida y pulida mujer” se encuentra en esa condición. Esa mujer a la que nunca le dijo que la amaba. Esa mujer que sedujo poco antes de que se casara. Esa mujer que se acostó como “ochocientas veces” con su mejor amigo Lucas Walker. Rivas ha conquistado poco y sus escasos triunfos son momentáneos. Vive frustrado por su pega en la salmonera de su padre, donde cumple una función que no tiene ningún vínculo con la carrera que estudio en una universidad privada que, según declara, no respeta nadie.

¿Qué se hace cuándo todo se va a la mierda? ¿Dónde se escapa? De todos los escritores chilenos, Fuguet es quien lo tiene más claro: se va a USA. Ya sea porque pasó parte de su infancia en Encino, California, o porque, tal como se dice en el texto, “los Estados Unidos han colonizado su inconsciente”, lo cierto es que Rivas aprovecha un viaje empresarial para romper con todo. Así, estafa a la empresa familiar y con esos recursos comienza a recorrer el oeste de (norte)América.

“The west is the best” canta Jim Morrison en “The End”. Esa sentencia condensa el sentir de una generación que sintió la necesidad de desplazarse hacia el lado “salvaje” de los Estados Unidos y que representó como nadie On the road de Jack Kerouac. Simón Rivas arranca desde Los Angeles para recorrer los estados del oeste, cruzando de uno a otro hasta detenerse en el Hotel Congress. Allí impera el rock, el desborde estudiantil, el arte y la muerte, esta última simbolizada en el suicidio de una escritora europea. Solo. Permanentemente excitado. Sucio. Simón debe enfrentar, por primera vez, las huellas de la oquedad, del sinsentido de una vida que opta por envejecer en vez de crecer.

Aquí es necesario destacar la profunda lectura que construye Martínez. Tomando lo mejor del texto de Fuguet conforma una narración en blanco y negro que, a partir de un trazo sencillo y de corte realista, plasma la inmensidad del oeste norteamericano frente a la pequeñez de una vida desperdiciada. Martínez despliega, hábilmente, la distribución de la página, la que puede ser dividida en tres, cinco, siete viñetas, en páginas completas que resaltan momentos culmines de la vida de Rivas o incluso aquellas que van completamente a negro para marcar los cortes (la traición de Natalia, el disparo de la escritora) en el avance por las autopistas vitales de Rivas.

En medio de la “tierra salvaje” Simón opta por cambiar de identidad y recorrer, turistear, vivir. Precisamente, en el Congress conoce a una mujer, Adriana Tejada, que lo saca de su sopor. Con ella, culmina el viaje mítico beat, cruzando la frontera mexicana y la pulsión de muerte de ella, quien, sin importarle su avanzada cirrosis, bebe hasta la inconsciencia. Rivas deberá elegir si salvarla o no. Es esa mujer que lo “atrae y lo repele” la que le inoculará energía y lo abrirá a degustar, sentir, oler y respirar la vida que durante décadas había pasado por fuera de su casa, mientras él, con los ojos cerrados, solo pervivía por responsabilidad y reflejo.

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