PALABRAS QUEMADAS | Ed.17

Provincia y Glamour

Escrito por Natalie Israyy
Categoría: Palabras Quemadas 17 Creado: Viernes, 16 Marzo 2018 07:23

Hace 13 años, 8 meses y varios días que vivo en San Felipe. Conocía de su existencia por las historias de mis padres, quienes en algún momento de sus juveniles vidas habitaron esta ciudad. Sabía que estaba ubicada cerca de Valparaíso y que por eso fue una opción para ellos el trasladarse hacia acá. Lo odié. Odié profundamente a su gente, sus colegios, sus frases y sus personajes públicos: el Rony, el Juan sin brillo, entre varios más. Odié sus calles, su olor a guano en algunas temporadas agrícolas, el materialismo de la gente, la Pentzke, las alamedas llenas de plátanos orientales y, por defecto nominativo, sin álamos; los cerros que la circundan y la convierten en un hoyo infernal de extremo calor o de extremo frío. Odié mi adolescencia en San Felipe.

Con el tiempo, este pueblo con aires citadinos comenzó a “crecer” y a convertirse en una urbe con potencial para asentarse: a la ya existente Universidad de Aconcagua y Universidad de Playa Ancha se sumó la inauguración del campus San Felipe de la Universidad de Valparaíso en 2006. Además, los supermercados mutaron: Las Brisas pasó a ser el Santa de Yungay, La Granja ahora es el Mayorista y se instaló el retail Falabella con un “Open Plaza” (Falabella + Tottus) y en una salida de la ciudad, un Homecenter Sodimac. Estas instalaciones solo vinieron a fortalecer una característica propia del sanfelipeño promedio y, por qué no asumirlo, del chileno: sujetos aspiracionales con aires de grandeza.

Mirar a Santiago siempre es bien visto. Ir de viaje al extranjero. Vestir “de marca”. No quiero demonizar estas maneras. Más que mal, todos estamos insertos en esto. A lo que apelo: al cómo, a una actitud. Actitud que va más allá del obtener cosas y recalcar el qué son o de dónde vienen.

Esto tampoco es algo nuevo. Ya en la obra dramática de Daniel Barros Grez, Como en Santiago. Comedia de costumbres en tres actos, del año 1875, se evidenciaba esta forma de actuar frente a lo que parece grandioso de la capital. El autor presenta allí a varios personajes que, habitando la provincia, se mueven en función del ser “sofisticado” al tener cierta relación con Santiago. Estas representaciones se muestran grotescas, obscenas y ridículas en su ambición.

En el plano periodístico, Óscar Contardo publicó en 2008 Siútico: arribismo, abajismo y vida social en Chile, donde realiza una radiografía nacional para develar a los tipos chilenos. El título se presenta por sí solo (Léase como referencia http://www.theclinic.cl/2012/08/11/el-puto-clasismo-en-chile/). Tal como manifiesta Contardo, estas formas clasistas solo vienen a cimentar la desigualdad existente en nuestra sociedad.

Hace unos meses atrás llegó a la puerta de las entradas de mis redes sociales un video que no se puede catalogar de interesante ni de ridículo. Es simplemente un vídeo anómalo, con personajes anómalos y vacuos. Así, desde el canal de televisión desde el que se emitió la nota hasta el entrevistado. Al terminar de ver este “reportaje” uno no sabe si reír o llorar.

San Felipe se convierte en el escenario en el que se desenvuelve con soltura y aires de dominio Favrizzio Violani, el denominado “Di Mondito de la quinta región”[i] de unos 26 años, este sujeto abre las puertas de su hogar para presentar su clóset, hablar de su emprendimiento como un gestor de “canjes”, ofreciendo servicios publicitarios a cambio de tratamientos faciales, de peluquería y otros.

Vivaracho el hombre. Sin embargo, lo que molesta de toda la entrevista ni siquiera son sus modos gestuales ni su voz ni su obsesión con la moda actual y el afán por resaltar dentro de un escenario complejo: más que mal, San Felipe es una ciudad habitada por una población mayormente conservadora y poco acostumbrada a los “estilos” o estéticas diversos. Lo que realmente incomoda es la risa socarrona del periodista de “La Mañana de Chilevisión” y la soberbia de Favrizzio.

Porque, que quede claro, el sujeto está haciendo algo distinto y completamente valorable, le está otorgando a la ciudad provinciana un acostumbramiento a lo diverso a partir de su exhibición en las calles, con su osadía y afán fashionista, sin olvidar mencionar que abiertamente se declara mormón. Cosas ante las que el periodista ríe abiertamente, con cierto cinismo y admiración farsante.

Pero Favrizzio es pedante. Mediante bromas de mal gusto humilla a su abuela y a su madre. Su exceso de personalidad resulta a ratos abrumador, innecesario si su fin es destacar más de lo que ya destaca. Al igual que los personajes de Como en Santiago.

Con el tiempo he aprendido a odiar menos San Felipe. Dentro de todo, es una ciudad tranquila. Está cerca de dos capitales importantes. Los paisajes en otoño, invierno y primavera resultan sobrecogedores y hay sectores escondidos que son realmente bellos. La gente está cambiando, como en todas partes y aunque aún existen cosas que deben modificarse… estamos trabajando por ello. 

 


Notas

[i] Véase en: https://www.youtube.com/watch?v=v5v0WtebqCs

 

Revista Digital Estación de la Palabra | Ed. 17