PALABRAS QUEMADAS | Ed.15

PUNTO DE QUIEBRE

Categoría: Palabras Quemadas 16 Creado: Viernes, 12 Enero 2018 07:23

Cada mujer amada, cada cuadro, cada partido, cada página en blanco exige canalizar nuestra voluntad de poder con máxima intensidad. Movemos nuestra mirada como Sauron frente al único. Si realmente nos apasionan esas piernas, esas palpitaciones, el sonido del lápiz sobre el papel, el mundo termina en ese sujeto/objeto.

Dos escritores anglosajones, un irlandés y un estadounidense, comprendieron, profundamente, como respirar bajo el agua. Samuel Beckett sostuvo lo siguiente: “Lo intentaste. Fallaste. No importa. Inténtalo de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor”. Charles Bukowski sostuvo, por su parte, que: “Si vas a intentarlo/ ve hasta el final/ No existe otra sensación igual/ […] Es por lo único que vale la pena luchar”.

Tanto Beckett como Bukowski nos muestran que no importa tanto la recompensa, ni el premio ni el cofre junto al arcoíris sino la lucha misma. Si el autor de Rumbo a peor parece pensar en “vomitar de todo” el de “Tirar los dados” apunta a la “risa perfecta”. Después de todo, cada escritor, jugador o músico encuentra o alcanza un estado de placidez mental motivado por las líneas que rasgan la hoja cuadriculada, en el remolino de colores que irrumpe tras el trazo del pincel o en el ángulo perfecto que traza una bola cuando cruza milímetros por sobre la malla y se cuela al fondo de la cancha.

Hay placer en esos instantes. Y magia. Derivadas del situarse fuera del tiempo y de los deseos, por algunos instantes.

El máximo placer no está en el orgasmo sino en la apertura de un botón.

Cuando un escritor se levanta cada mañana a golpear la máquina de escribir o el escultor enfrenta el metal, golpe a golpe, palpa la intensidad y la efervescencia de la vida.  Bolaño entendió muy bien esta situación al asumir el ejercicio literario en los márgenes de la muerte:

La literatura se parece mucho a la pelea de los samuráis, pero un samurái no pelea contra otro samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura.

          Cuanto consuelo existe en esas palabras. Puedo oler la sangre. De pronto, siento un gruñido a mis espaldas.

 

 

Revista Digital Estación de la Palabra | Ed. 16