PALABRAS QUEMADAS | Ed.15

ARQUEOLOGÍA DE PLACERES SALVAJES

Escrito por Alexis Candia
Categoría: Palabras Quemadas 15 Creado: Jueves, 21 Septiembre 2017 07:23

Aquellos que fuimos niños en la década de 1980 quisimos ser, inevitablemente, jedis, boxeadores o arqueólogos. La ascendencia del imaginario hollywoodense tuvo un peso enorme en la configuración cultura del Chile de la época.  Algo ha quedado del anhelo de ser arqueólogo. No ya –con 40 años- el deseo de correr aventuras riesgosas en sitios desérticos o selváticos y, en definitiva, exóticos, repletos de criaturas repulsivas, cultos siniestros y sujetos dispuestos a liquidarte por ser infiel o, simplemente, porque tuvieron un mal día. Sin embargo, persiste el placer de penetrar en la niebla, abrir el sarcófago (¡metafóricamente!), explorando, sin riesgo alguno, claro está, en distintos misterios. Ahora, me pasa eso con los libros. Cada vez que abro la primera página[i] asumo que existe un enigma que debe ser decodificado, revelado, deducido con sombrero y látigo.

Todo libro es un ejercicio finito. Independientemente, que el texto se extienda por algunas palabras (como en “El dinosaurio”) o por cientos de páginas (Como en el Quijote) cada relato tiene un punto de inicio y uno de término. Ya sea porque el proyecto llega a su fin o, simplemente, porque el autor muere, el texto en algún punto debe finalizar. Por ello, me genera fascinación especular con lo que puede haber antes o después de la apertura o del cierre del relato. Pensar, por ejemplo, en los hechos que anteceden la aparición de Josef K. en El proceso oen los eventosque anteceden las andanzas de los real visceralistas en Los detectives salvajes. Para mi buena estrella, la aparición de El espíritu de la ciencia ficción (2016) me permite jugar a Indiana Jones y explorar en las ruinas de personajes que resultan, por el deslumbramiento que me generó la novela ganadora del Rómulo Gallegos,  entrañables.

            Si Los detectives salvajes narran los eventos que enfrentan Belano, Lima y la pandilla entre 1975 y 1996, El espíritu de la ciencia ficción transcurre en la primera parte de la década de 1970. Tal vez los nombres no sean los mismos pero sí los personajes. Así, podemos conocer el proceso de instalación de Remo Morán (alter ego de Arturo Belano/Roberto Bolaño) y de Jan Schrella (quien probablemente alude a Felipe Müller/Bruno Montané) en el DF. La aparición de José Arco (Ulises Lima/Mario Santiago), los primeros contactos con las hermanas Torrente/Font, las fiestas y lecturas interminables, los recorridos por la ciudad, es decir, asistimos al big bang de Los detectives salvajes.

            El espíritu de la ciencia ficción tiene, al menos, tres aspectos que llaman poderosamente la atención. Primero, Morán/Belano/Bolaño tiene la clara consciencia de que se convertirá en un escritor reconocido, aun cuando la visión que tiene sobre el arco temporal en que alcanzará el éxito evidencia una enorme ternura: “me doy plazo un año para ser famoso y tener unos ingresos similares a los de un funcionario en el peor lugar del escalafón” (197)[ii]. A ello se suma una afirmación profética que resulta escalofriante por la certeza con que resuelve parte importante de su devenir literario: “Qué triste, pensé en un relámpago de lucidez o de miedo, algún día yo contaré historias acerca de poetas-lúmpenes y mis contertulios se preguntarán quienes fueron esos infelices” (169). Ciertamente, es sorprendente que un párrafo escrito en 1984 anticipe el desarrollo de un proyecto que culminará casi dos décadas después.

Segundo, es delicioso asistir a la proliferación de deseos de El espíritu de la ciencia ficción. Todos los personajes parecen tener solo dos ardientes intereses: la literatura y el sexo. Mientras en Los detectives salvajes conocemos la relación de Arturo Belano y Laura Jáuregui desde el distanciamiento y la frialdad que sucede el quiebre de su relación y, en consecuencia, existe desde la mirada de Jáuregui molestia ante la sombra de Belano; El espíritu de la ciencia ficción muestrala fascinación del inicio de la jornada amorosa, el deslumbramiento de Remo ante una mujer “bonita y terrible” (200) que no duda un segundo en terminar su relación con César para pasar a los brazos de Morán no sin antes, para el dolor de Morán, despedirse de la verga de 25 centímetros de su antiguo amante. Entre escaleras que se mueven levemente hacia la derecha o hacia la izquierda (algo similar pasa en Una novelita lumpen) y baños públicos que parecen diluirse en vapor sucio, Moran, autocalificado como “mutilado de guerra” por la paliza que recibió y que afectó seriamente sus erecciones, se entrega al placer del encuentro:

A la llamada de la Princesa Azteca caían los proyectos, los poemas, el arte amoroso de bolsillo y la prudencia; todo, menos el DF (que de la noche a la mañana me adoptó) y Lewis Carroll. Nuestra cotidianidad se vio de pronto trastocada; surgieron las citas amorosas por un lado y el placer del laberinto y del ovillo por el otro. (150)

            Tercero, otra vez nos encontramos frente a un autor que hace gala de la utilización del oxímoron para titular sus libros. Ciencia y misticismo parecen estrecharse para enmarcar una novela de formación con sexo, drogas y talleres literarios.

            Hay más vestigios en El espíritu de la ciencia ficción. Algunas claves de la “Universidad Desconocida”: facultades, profesores, por ejemplo. Modos de operar del mal que anticipan la tetralogía del horror de La literatura nazi en América, Estrella distante, Nocturno de Chile y 2666. Y la irrupción de una estética literaria que aboga por la constante innovación de las estructuras a fin de generar ritmos variables y disímiles en la composición literaria.

¿Cabe El espíritu de la ciencia ficción en la obra de Bolaño? Si consideramos que Bolaño sostuvo que “La estructura de mi narrativa está trazada hace más de veinte años y allí no entra nada que no sepa la contraseña” (Braithwaite 84) la determinación de no publicar el libro en vida podría responder a que consideraba a este texto como un libro de principiante o como un mero ejercicio literario que tenía algún o algunos elemento/s que no lo dejaba/n satisfecho y que, por consiguiente, le impedían publicarlo. El espíritu de la ciencia ficción no está a la altura de los grandes textos de Bolaño. No tiene la contraseña necesaria para abrir el portal del castillo.

No puedo mentir sim embargo. Con o sin contraseña, el arqueólogo que fui (soy) seguirá leyendo Bolaño, reuniendo piezas que me permitan disfrutar y comprender con mayor hondura los libros de un hombre que lanzó un relámpago, dejó un oasis y se perdió en una ceremonia vikinga.

Bibliografía

Bolaño, Roberto. El espíritu de la ciencia ficción. Santiago de Chile: Alfaguara, 2016.

 

Braithwaite, Andrés (ed.). Bolaño por sí mismo. Entrevistas escogidas. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2006.

 

Notas


[i] En estricto rigor esto es mentira debido a que lo primero que leo siempre es el último párrafo.

[ii] Bolaño tardó más de dos décadas en obtener el primer reconocimiento crítico relevante con La literatura nazi en América