PALABRAS QUEMADAS | Ed.14

MIXTURAS SECRETAS | Cuerpo y corporalidad en la historia de María Griselda

Escrito por Daniela Pinto Meza
Categoría: Palabras Quemadas 14 Creado: Lunes, 03 Julio 2017 07:23

Cuerpo y corporalidad en La historia de María Griselda.

1. Cuerpo-corporalidad: condiciones de ser y existir en la narrativa bombaliana.

          2. Je suis belle, ô mortels! comme un rêve de pierre,
          3. Et mon sein, où chacun s'est meurtri tour à tour,
          4. Est fait pour inspirer au poète un amour
          5. Éternel et muet ainsi que la matière6. (La beauté. Baudelaire)

 

 El cuerpo, en tanto estructura física que permite la existencia individual y colectiva y, la corporalidad, que posibilita la percepción del otro y de sí mismo, distendiendo sus partes constitutivas y configurando su actuar, gestos, signos distintivos de la carne (expresiones del cuerpo) en virtud de la sociedad, del tiempo y de infinitos e ilimitados símbolos culturales presentes en su época; determinan funciones, subestructuras arquetípicas que extienden sus dominios desde el ámbito privado hacia una multiplicidad inacabada de seres reunidos en razón de una normativa consuetudinaria, costumbrista, y de carácter obligatorio que impone la propia cultura[ii]. De este modo, lenguaje, oficios, vidas y experiencias coexisten, irresolublemente unidos, esperando negaciones y rupturas que liberen, sin detrimento del sistema universal, ser y cuerpo, el propio y ajeno.

Así, dentro de las producciones literarias latinoamericanas, encontramos las creaciones de María Luisa Bombal. Reproducciones estéticas de los modelos existentes en el Chile aristócrata de los años 30, donde son reconocidas y reconstruidas, a través de la categoría cuerpo-corporalidad, funciones estereotípicas, peculiaridades y evidencias socioculturales de los diversos roles existentes en la cotidianidad del relato; y, por medio de los cuales, logramos comprender la narrativa bombaliana. Por esto, una reflexión acerca del cuerpo y sus potencialidades se hace necesaria para cimentar un constructo teórico capaz de responder por el modo en que el cuerpo percibe, reconoce y evidencia los perfiles propios de los personajes y de la sujeto en los escritos de la autora chilena, específicamente aquellos referidos a la mujer y su feminidad.

Desde la perspectiva fenomenológica, en tanto ésta proporciona nociones esenciales respecto al vínculo cuerpo/ser, esencias/conciencia; la relación cuerpo/mundo se nos revela como orgánica, compenetrada. Tanto corporalidad como universo circundante, se presentan cual emisores y receptores de un característico diálogo viviente, infinito, en el que no distinguimos entre sus interlocutores, puesto que todos desean decir, enunciar, finalmente comunicar. En Bombal esta unión indisoluble entre cuerpos se expresa en distintos pasajes de su obra: “¿Por qué la intimidaba? Por sus gestos, tal vez. Por sus gestos tan armoniosos y seguros. Ninguno caía desordenado como los de ella, ninguno quedaba en suspenso [...]” (Bombal 246). El cuerpo y su corporalidad existen en una apertura hacia el mundo, pero también se repliega sobre sí mismo, en un movimiento dialéctico que permite comprender las diversas experiencias y vivencias humanas que se dan en el otro (“Y mientras en la oscuridad creciente, largamente lo llamaban, lo buscaban ¿recuerdan?, él, con la frente hundida en el césped, componía sus primeros versos” (Bombal 255). De este modo, el cuerpo puede ser visto desde una arista pública, pero también privada (Foucault, 1993): 

 

Asimismo, en el cuerpo confluyen lo privado y lo público: el cuerpo es lo más íntimo, lo más propio que cada individuo tiene, pero se convierte también en tema de asunto público [...] Lo físico existe como presencia, como carne que impone sus transformaciones y siempre se escapa a los intentos de controlarla. La carnalidad está inmersa en la corriente de lo vivo, y por tanto es imposible someterla por completo a los límites de la racionalidad (Fernández Guerrero 10).

            Una de las primeras aproximaciones explícitas a la dimensión cuerpo-corporalidad en la obra bombaliana, se manifiesta durante el trascurso de la narración, cuando la voz de Zoila, Fred, La madre y Alberto, entre otros, se apodera del relato, realizando un recorrido cronológico, secuencial, en el que las diversas voces presentes en la trama literaria buscan entrelazar sus sonidos, acciones y significaciones a través de la dupla narrador/personaje. Por ello, el relato es cuerpo, voz y traza:

 

Una novela, un poema, un cuadro, una pieza musical son individuos, es decir, seres en los que no puede distinguirse la expresión de lo expresado, cuyo sentido sólo es accesible por un contacto directo y que irradian su significación sin abandonar su lugar temporal y espacial. Es en este sentido que nuestro cuerpo es comparable a la obra de arte. Es un nudo de significaciones vivientes y no la ley de un cierto número de términos covariantes (Merleau-Ponty 177).

 

            El cuerpo es voz. La existencia de cada ser se instituye a partir de la palabra, denotando otros cuerpos, interactuando en el mundo a través del uso de un código común: la lengua. Mediante el reconocimiento de las distintas voces presentes en el texto, manifestaciones sintácticas de un nuevo mundo, vislumbramos las multiformes identidades  presentes en la narración. La palabra sitúa al ser en el mundo, posicionando su presencia en relación con otros y articulando, desde aquí, las interacciones que realizan protagonistas y antagonistas. De este modo, la voz que narra nos muestra tiempos y coherencia que sustenta la conformación de una corporalidad, esto es, historia y personajes entrelazados por el cuerpo que dice. Por esto, no existe límite entre cuerpo y mundo, por cuanto uno toma de la otra existencia para constituirse como tal. En la narrativa bombalina esto correspondería  al entorno natural que nutre el relato, por lo que voz, descripción y caracterización de todo cuanto es parte de este mundo, se trasforma en unidad, en existencia encarnada. Agua, cabello y naturaleza son los elementos que conforman conciencia, convirtiéndose en historia del ser realizado en los personajes. En este sentido, la palabra no puede ser significada como una simple denotación de ideas, sino más bien, la importancia radica en la intencionalidad de la palabra, en la sensibilidad de quién emite y pronuncia la palabra-ladrillo. El cuerpo se genera en la medida que es y existe en una situación específica, percibiendo todos y cada uno de los objetos que se evidencian a partir de la experiencia sintiente, implicando con esto una condicionalidad entre la categoría cuerpo-corporalidad y la existencia de voces y personajes en la trama bombaliana. Es en la obra de Bombal, donde la voz narrativa se hace presencia de un cuerpo en el mundo y de un mundo descrito por dicha conciencia, el cual subsumido bajo la propia experiencia denota la construcción del ser en el  mundo. Por tanto, los cuerpos al comunicarse con otros, al contar y describir esforzadamente su espacio, posibilitan su existencia y la de los otros (Paz, 1997)[iii], transformándose en corporalidad. Ahora bien, en la narrativa de María Luisa Bombal existe un esfuerzo por mantener y trasmitir estereotipos, tanto corporales como sociales,  configurados a través del discurso dialógico de sus personajes, además de un constructo descriptivo simbólico que se constituye como matriz de elementos ambientales, mientras los signos, representados por la voz y la acción, dan cuenta de la profundidad de matices que encierra la narrativa de la autora chilena. Así, según Susana Münnich (2006), en su obra Casa de hacienda/carpa de circo, hay en esta autora un deseo, un esfuerzo por afirmar los estereotipos de género tradicionales, encarnados bajo las apreciaciones dialógicas de los personajes. Una burguesía sobrevalorada donde la riqueza es una condición necesaria para comprender a los personajes, toda vez que ésta representa un valor esencial en la trama bombaliana. De este modo, no es difícil hallar personajes masculinos que practiquen la caza por diversión, conversen de asuntos públicos o revelen tendencias patriarcales (Münnich 50)[iv]. Sin embargo, emboscando la gobernación varonil, ellas buscan estrategias secretas que las constituyan como sujetos, seres discretamente revelados contra sus dueños. Así, una intimidad desmedida y una existencia silente serán las armas elegidas por estas mujeres. La soledad, el retraimiento y el abandono serán sus represalias[v].

            Finalmente, el cuerpo digiere y se apodera de todos los objetos que se evidencian, compenetrándose con ellos y configurando una corporalidad estructural que sustenta conciencia y, por lo mismo, existencia: “[...] para que el diálogo cuerpo-mundo sea sostenible es necesario que esta relación sea bidireccional, es decir, hay que ver qué significa el universo circundante para la corporalidad" (Trilles Calvo 137). Este comportamiento intencional en la narrativa de la autora chilena se muestra en la comunicación corporal, entre el tránsito de cuerpos sensibles, distintos en intuiciones, iguales en apariencia. La trama en la obra bombaliana gira en torno al movimiento de los distintos relatos, historias de cuerpos otrora desconocidos que emergen del silencio para formar un nuevo personaje dentro del drama:

El camino es escritura y la escritura es cuerpo y el cuerpo es cuerpos (arboleda). Del mismo modo que el sentido aparece más allá de la escritura como si fuese el punto de llegada, el fin del camino (un fin que deja de serlo apenas llegamos, un sentido que se evapora apenas lo enunciamos), el cuerpo se ofrece como una totalidad plenaria, igualmente a la vista e igualmente intocable: el cuerpo es siempre un más allá del cuerpo [...] (Paz 119).

Desde aquí, comprender la obra de María Luisa Bombal adquiere un cariz complejo, dadas las diversificaciones sufridas por los personajes en el trascurso de sus novelas. Asimismo, la trama, unión de cuerpo y escritura, se trasforma en laberinto indescifrable cuyo enigma se extiende hacía arcanas honduras, donde solo voz y devenir pueden penetrar.

 

Bibliografía

Bombal, María Luisa. La historia de María Griselda. Obras Completas. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, 2000.

Foucault, Michael. Historia de la sexualidad. Vol. 1. Madrid: Siglo Veintiuno,

1993.

Fernández Guerrero, Olaya. “Fenomenología del cuerpo femenino”, en Revista de Investigaciones Filosóficas. Vol. 2: (243-252), 2010.

Guerra, Lucia. Mujer, cuerpo y escritura en la narrativa de María Luisa Bombal. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Católica de Chile, 2012.

Merleau−Ponty, Maurice. Fenomenología de la Percepción. Trad. Cabanes, J. Barcelona: Ediciones Península, 1994.

Münnich, Susana. Casa de hacienda/Carpa de circo: (María Luisa Bombal, Violeta Parra). Santiago de Chile: Ediciones LOM, 2006.

Trilles Calvo, Karina. “El cuerpo vivido, algunos apuntes desde Merleau−Ponty”. Universidad de Valencia. Revista de Filosofía Thémata, No 33, 2004.

Paz, Octavio. El Mono Gramático. Barcelona: Planeta, 1997.

 

Notas

[i] Este escrito es un avance de un trabajo mayor en el que la atura se encuentra trabajando actualmente.

[ii] Estos son algunos de los tópicos analizados por la escritora Lucía Guerra en su obra Mujer, cuerpo y escritura en la narrativa de María Luisa Bombal (2012), donde propone que: “Si bien las novelas escritas por mujeres latinoamericanas eran pocas y carecían de difusión, la narrativa de María Luisa Bombal también se inserta en esta producción cultural que se enfoca en la representación de la mujer desde una perspectiva femenina [...] poniendo de manifiesto que aunque las mujeres letradas imitaban los formatos literarios creados por los hombres, agregaron márgenes que aludían específicamente a la situación de la mujer. (Guerra 36).

[iii] Según Octavio Paz es el cuerpo el que configura la traza en el espacio escritural, pero el cuerpo trascendiendo al cuerpo. La escritura es cuerpo que enuncia, que describe, pero que también siente: "El camino es escritura y la escritura es cuerpo y el cuerpo es cuerpos (arboleda). Del mismo modo que el sentido aparece más allá de la escritura como si fuese el punto de llegada, el fin del camino (un fin que deja de serlo apenas llegamos, un sentido que se evapora apenas lo enunciamos), el cuerpo se ofrece como una totalidad plenaria, igualmente a la vista e igualmente intocable: el cuerpo es siempre un más allá del cuerpo. Al palparlo, se reparte (como un texto) en porciones que son sensaciones instantáneas: sensación que es percepción de un muslo, un lóbulo, un pezón, una uña, un pedazo caliente de la ingle, la nuca como comienzo de un crepúsculo. El cuerpo que abrazamos es un río de metamorfosis, una continua división, un fluir de visiones, cuerpo descuartizado cuyos pedazos se esparcen, se diseminan, se congregan en una intensidad de relámpago que se precipita hacia una fijeza blanca, negra, blanca." (Paz 120).

[iv] La autora lo expresa de la siguiente manera: "En el mundo narrativo bombaliano los asuntos políticos y sociales son competencia exclusiva de los varones. pero aunque expresen su satisfacción de no tener que participar en actividades públicas, estas mujeres resisten el poder masculino, y castigan a sus hombres mostrándose constantemente insatisfechas." (Münnich 50).

[v] En este sentido, diversos ejemplos se muestran en los textos bombalianos: "−Daniel, no te compadezco, no te odio, deseo solamente que no sepas nunca nada de cuanto me ha ocurrido esta noche [...]” (Bombal, La última niebla 70) / Lo juro. No tentó a la amortajada el menor deseo de incorporarse. Sola, podría, al fin, descansar, morir [...]” (La amortajada 177) / “[...] Pero ella había rehusado salir al teléfono, esgrimiendo rabiosamente el arma aquella que había encontrado sin pensarlo: el silencio [...]" (El árbol 212) / [...].                             

 

 

 

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