PALABRAS QUEMADAS | Ed.14

EDITORIAL | Lilith en la literatura chilena

Escrito por Alexis Candia
Categoría: Palabras Quemadas 14 Creado: Martes, 04 Julio 2017 07:23

EDITORIAL | “Es necesario que la mujer escriba su cuerpo, que invente la lengua inexpugnable que reviente muros de separación, clases y retóricas, reglas y códigos, es necesario que sumerja, perfore y flanquee el discurso de última instancia”.

EDITORIAL | “Es necesario que la mujer escriba su cuerpo, que invente la lengua inexpugnable que reviente muros de separación, clases y retóricas, reglas y códigos, es necesario que sumerja, perfore y flanquee el discurso de última instancia”.

La cultura occidental ha situado, tradicionalmente, a la mujer en una posición subalterna. Considerada como el suplemento del hombre a partir de los textos fundadores de Occidente, tales como La Biblia o los escritos de San Pablo, la mujer desempeñó un rol subordinado en las naciones europeas, primero, y es las americanas, después. Evidentemente, esta situación comenzó a variar a partir de las luchas por la igualdad que comenzaron a dar las mujeres del siglo XIX y que llevaron a un punto álgido las feministas de la década de 1960. A partir de esas luchas, la mujer mejoró significativamente su posición política, económica y cultural.

A pesar de tales esfuerzos la mujer se encuentra lejos de alcanzar una posición de equidad con el hombre, situación que es particularmente difícil en los países latinoamericanos, países que tienen fuertes componentes machistas que contribuyen a la desmejorada situación que enfrenta la mujer en la región. Chile no es la excepción. Basta con apreciar la elevada tasa de femicidios o las elevadas diferencias salariales por la realización del mismo trabajo que existen entre hombres y mujeres, para evidenciar que somos parte de una nación en la que hay ciudadanos de diferente orden.

Lamentablemente, el campo cultural no es distinto. Una simple revisión de los principales textos históricos nacionales demuestra que Chile ha tenido una historia eminentemente masculina. Las mujeres casi no tienen relevancia histórica a excepción de algunas honrosas excepciones, muchas de las que, como la Quintrala o Inés de Suarez, aparecen bajo signos negativos. En suma, la mujer ha sido invisibilizada en la historia nacional.

La literatura chilena tampoco escapa a esta lógica. Las escritoras chilenas han sido relegadas a un segundo plano, forzándolas a asumir una posición secundaria en el espacio literario nacional. En suma, ellas han tenido un reconocimiento y una difusión muchísimo menor que sus pares masculinos. Hay un hecho que es bastante significativo en este sentido. Desde 1942 hasta 2016 se ha entregado en 53 ocasiones el Premio Nacional de Literatura, la mayor distinción literaria que otorga el país, y de ellas solo en cuatro ocasiones ha sido premiada una mujer, es decir, las escritoras nacionales han adjudicado el 7,5% de estos reconocimientos.

Sin embargo, han sido numerosos y, sobre todo, relevantes los proyectos literarios desarrollados por escritoras chilenas en los últimos dos siglos. Subrayamos, por límites de espacio, solo una triada. Gabriela Mistral fue la primera escritora y poeta latinoamericana en obtener el Premio Nobel de Literatura en 1945, reconocimiento que, según el secretario de la Academia Sueca, Hjalmar Gullberg, obedece al anhelo de “[…] rendir homenaje a la rica literatura iberoamericana [por eso] hoy nos dirigimos muy especialmente a su reina, la poetisa de Desolación, que se ha convertido en la gran cantadora de la misericordia y la maternidad”. María Luisa Bombal es autora de dos de las novelas más innovadoras y pulcras de la primera parte del siglo XX, La última niebla y La Amortajada, reconocidas por uno de los escritores más destacados de la historia de occidente, Jorge Luis Borges y asumida como influencia por uno de los principales cuentistas del continente, Juan Rulfo, no obstante, tuvo escaso reconocimiento de la crítica literaria y del establishment cultural nacional hasta el punto de que “murió esperando” ser reconocida con el Premio Nacional de Literatura. Diamela Eltit ha combinado, hábilmente, su producción narrativa con su trabajo ensayístico, configurando una producción literaria que no contempla concesiones en el desarrollo de una escritura que mezcla una estética vanguardista con un discurso político crítico.

A las autoras mencionadas, se podrían sumar numerosas escritoras que han hecho un aporte relevante al desarrollo de la literatura en nuestro país: Mercedes Marín del Solar, Rosario Orrego, Winétt de Rokha, Marta Brunet, Marcela Paz, Mercedes Valdivieso, Lucía Guerra, Teresa Calderón, Andrea Maturana y Alejandra Costamagna son algunas de las escritoras que, al decir de Hélène Cixous, han desarrollado propuestas innovadoras: “Es necesario que la mujer escriba su cuerpo, que invente la lengua inexpugnable que reviente muros de separación, clases y retóricas, reglas y códigos, es necesario que sumerja, perfore y flanquee el discurso de última instancia”.

Estación de la Palabra focaliza su interés en este número, por todo esto, en relevar el aporte de escritoras chilenas que, desde el inicio de nuestra historia independiente, han creado piezas de suma calidad en las letras nacionales.

 

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